Más que indignación

 

Por esto es por lo que no quería yo un blog en plan perfil profesional… no son buenos para tratar ciertos temas. Ponerse a hablar de política, religión y peliagudos varios, puede ser muy contraproducente. Sobre todo, si como me pasa a mí, tus ideas van por libre y no siempre coinciden con las de la mayoría.

Qué no se habrá dicho ya sobre las acampadas, las manifas, las asambleas, la respuesta política…

Sigo las noticias y retuiteo con más sentido de la “obligación participativa” que con pasión por el tema e intento apartarme de los sensacionalismos y las manipulaciones o tergiversaciones de unos y otros (porque sí, las he visto por ambos lados, unas son claramente fruto del interés, otras quizás movidas por un exceso de entusiasmo, pero ahí están).

Lo que está pasando, en realidad, no tiene como fecha de inicio el 15M, ni siquiera bastantes meses atrás cuando en las redes sociales, empezó a gestarse el movimiento #nolesvotes o el #votaotros. Esto lleva más de una década de preparación y seguirá su camino una vez cesen las movilizaciones y las asambleas de barrio empiecen a funcionar o no con normalidad, integrándose de nuevo en la “rutina” y me refiero a aquella que no nos lleva a la calle pancarta en mano.

Porque es parte de un cambio más humano que político. Estamos aprendiendo a comunicarnos de nuevo y a ser sociales. Habíamos limitado hasta el extremo esta capacidad al vivir en una especie de tupperware de conocimientos e información preseleccionada por una minoría y de comunicación unidireccional. Este esquema se rompió el día que empezamos a acceder a la red y esta “Democracia Real” no es más que un pico de actividad como tantos otros, una respuesta más dentro de un proceso mucho más importante y global.

En la red nos planteamos la educación como pilar de este cambio y que los profesores deben aprender de los alumnos. De su creatividad y de su forma de asimilar, transformar y compartir la información. Nos planteamos cambiar los individualistas sistemas educativos de transmisión vertical de un conocimiento explícito, por otros sistemas más colectivos basados en la adquisición del contenido tácito, en el filtrado de la información, en el respeto y la felicidad (sí, la felicidad). Nos planteamos las auténticas necesidades de un nuevo modelo de sociedad.

Y si este futuro influye ya en nuestra forma de comunicarnos, de reunirnos, de relacionarnos, trabajar, colaborar, compartir, aprender, divertirnos o responder a las catástrofes… y si influye no sólo en nosotros, sino hasta en los medios de información tradicionales y de forma arrolladora en el comercio, ¿cómo no va a influir en nuestros gobiernos?. Ahora que vemos que hasta las marcas “nos quieren” y se esfuerzan en participar de la conversación que hemos creado, nuestros políticos deberán hacerlo también. Por mucho que todavía pataleen.

Sin pretender desmerecer en absoluto lo que está pasando, ni a los miles de personas que están en la calle, ni sus legítimas reivindicaciones, quería compartir con vosotros mi impaciencia por observar qué hemos aprendido durante este pico de actividad y si lo asimilaremos de forma adecuada y lo convertiremos por ejemplo, en una pauta positiva de comportamiento.

Y aunque en el fondo lo comprendo, me parece obtuso y decepcionante que haya personas que piensen que los cambios que vivimos los provoca la indignación… me duele que no vean que los cambios nacen de la conexión.

Llévatelo

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