FreeWorking y Cafés

 

El Free Working es cojonudo. Yo lo practico por convicción (la red no sería lo que es, si no compartiéramos aquello que en gran parte aprendimos de otros). También por auto-satisfacción, porque me da la oportunidad de participar en proyectos que me gustan y que nacen con muy poco presupuesto. O por amistad y porque me encanta mi trabajo y, si puedo hacerlo ayudando a mis amigos o a gente que me gusta, la recompensa se multiplica.

Hace mucho aprendí que es regla indispensable del free-working predeterminar de forma estricta los plazos de tiempo y tareas que van a limitar tu participación gratuita en un proyecto. Porque si no, llegan los problemas. Recuerdo una historia que me explicó un amigo sobre un vecino que siempre trataba con amabilidad al portero de su escalera, procuraba facilitar su trabajo no ensuciando el portal, no pisando sobre mojado y le daba una propinilla casi a diario… Había otro vecino en cambio, que era todo lo contrario. Llegan las navidades y el vecino amable, contando con los gastos típicos no va muy bien de dinero y decide no dar aguinaldo al portero (recordemos que le da propinas a lo largo de todo el año) y el segundo vecino, el borde, sí se la da.

Reacción del portero: “Hay que ver, hasta el vecino este con lo borde que es, me ha dado el aguinaldo y el otro, que siempre se las da de amable, va y pasa. Pues que le den”

La forma más rápida de quedar mal con alguien en este mundillo es el free-working. Cuando llegas, trabajas bien, cobras y te vas, nadie pone pegas. Al contrario, van y te recomiendan.

Lo que me lleva al tema de los cafés (quien dice cafés, dice almuerzos, cenas, visitas… da igual). No tengo ningún problema, en tomarme un café con alguien que quiere darme a conocer su proyecto. Es una cita de tanteo que puede dar como resultado un cliente, así que bienvenidos esos cafés!

Pero ¿y qué pasa cuando después de un café te proponen otro? El segundo café es el que te mata.

El segundo café ya no es para conocerte, ni para presentarte nada. El segundo café, es el de “tenemos una duda” y considero, que si te la resuelvo, te estoy formando. Y si se trata de un problema y te planteo la solución, te estoy asesorando. Cuando voy a ver a mi abogado, a mi gestor o a mi dentista… me cobran. Quizás el tercero no me cobre por el diagnóstico, pero me cobrará por todo lo demás.

El trabajar con redes sociales de acceso gratuito, no significa que la tarea de enseñar, asesorar, planificar, aconsejar, resolver, diseñar, reparar, calcular, redactar, dirigir, monitorizar o etc., lo sean. Porque nada que me haga perder un tiempo a mi y que le haga ganar algo a otro, debe serlo.

En definitiva, el segundo café prefiero pagarlo yo y cobrar por hora. Y es que si no, el segundo, te llevará irremediablemente al tercero y no hay forma de parecer amable, ni elegante, ni asertiva, diciéndole a alguien que su empresa no te interesa lo suficiente como para trabajar gratis para ella y que haga el favor de no molestarte más.

Llévatelo

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4 thoughts on “FreeWorking y Cafés

  1. Cuanta razón eh! madre mía cuantos cafés y caras de poker se ahorran si se dejan las cosas claras desde el principio, pero a esto yo le sumo otro problema… no se decir NO… doctor que hago? XD de buena a tonta hay menos de un paso.

  2. Ese es otro problema… pero hay formas de decir que “no puedes” y con las que quedas bien. Decir “no me vuelvas a llamar para esto” es más complicado… y ya no hablemos de los cafés que se derivan de un encargo en plan “oye, me contrataste para X, no para arreglarte el ordenador!”

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