CM “El Origen”

 

Cuando lees de mano de un diseñador web la descripción de los 5 tipos de clientes que te vas a encontrar y da tanto en el clavo que eres capaz de relacionar una cara conocida a cada descripción, la empatía sale despedida a chorros! Por eso soy bastante fan de los decálogos, recomendaciones varias e infografías que publican los bloggers del ramo.

Lo mismo me pasa con las advertencias sobre “errores más comunes” o “puntos para conseguir…” o “las herramientas indispensables para…”. No siempre estoy de acuerdo con todo lo que leo, pero me resulta interesante esta forma de compartir la experiencia de cada uno.

Decálogos y manuales de este tipo que despiertan bastante interés entre mis contactos, son los relacionados con las misteriosas labores del Community Manager, seguramente por las preguntas que suscitan. ¿Es indispensable “escuchar”? ¿Es contraproducente crear una comunidad independiente de las grandes redes sociales?… Hay opiniones para todos los gustos, pero en este sentido, creo que el micro-análisis exhaustivo y debate constante sobre las capacidades, límites, responsabilidades, demanda y cometido propio de estos profesionales, están causando más confusión que otra cosa. Andamos ahí enquistándonos en la cuadratura del círculo y lo que leo al respecto, se aleja cada vez más del puro origen.

El Community Manager que olvida su papel de usuario, está condenado al fracaso. Porque todos los que hemos cobrado por gestionar una comunidad ajena, sabemos que lo que hacemos es algo así como el papel de licuadoras que extraen los rasgos más humanos de la personalidad de una empresa y los separan del frío objetivo principal (vender, vender, vender). El zumo social resultante, lo embotellamos en experiencias antes de ofrecer la mezcla al público potencial. Y ahí el error. Quedarse permanentemente en la presentación y olvidar que el objetivo siempre fue el diálogo. ¿De qué otra forma se consigue sino, la inclusión de una empresa en una red social? Convirtiéndola en un usuario más. Eso es de cajón.

El contenido no es el rey, la proyección no lo es todo, la relevancia no es la meta… o sí. Depende. El caso es que si tuviéramos que enviar una por una a nuestro cerebro las órdenes para conducir un coche por un tramo de 200 metros, nos empotraríamos contra un árbol antes de que el brazo, la mano, los ojos, el pie y etc. acabaran el trabajo. Y ya ni os cuento si tuviéramos que pararnos a discutir la conveniencia de priorizar cada una de esas órdenes sobre las demás (a eso lo llaman “siniestro total”). Un poco lo mismo pasa con la gestión de comunidades.

El pulso lo marca la conversación con el usuario y es él el que nos indicará cada paso que debemos dar. Una vez integrados en la conversación, el ejercicio de conducir un coche (con la infinidad de pasos que ello conlleva) nos resultará un ejercicio de lo más natural. Así que si tuviera que lanzar una recomendación a los CM, sería esa: “No se os ocurra arrancar el coche pensando que lo importante del recorrido es darle bien al embrague”.

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2 thoughts on “CM “El Origen”

  1. Madre mía que lío… será que como conduzco poco! Personalmente creo que lo primero y primordial es ser PERSONAS y comportarse como tal aunque la comunicación sea a través de herramientas 2.0 lo demás viene rodado si es que sabes ser “persona” que eso es harina de otro costal… la vida está llena de marcas y carente de personas.

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